Año nuevo


Que la gente a la que yo quiero siga queriéndome. Que mis hijos mayores sigan navegando por la adolescencia con amores contrariados y sin heridas mortales. Que los Reyes Magos acierten con los regalos de mi hija pequeña. Que mis amigos quieran seguir siendo mi familia. Que los cadáveres de mis enemigos -y de los enemigos de mis amigos- pasen por la puerta de mi casa en ataúdes metafóricos y eficaces, pero no tan peligrosos para que me sienta culpable de su destino. Que mi novela salga a tiempo, sin errores y sin erratas. Que los terroristas equivoquen la puntería. Que el invierno sea breve, la primavera larga y el verano caluroso. Que la izquierda española resucite. Que la derecha española se debilite. Que el alcalde de Madrid deje de quitarme el sueño. Que a las autoridades económicas del primer mundo se les ocurra la posibilidad de ahorrar en el sufrimiento de las personas. Que se globalicen la dignidad y el futuro. Que mis amigos argentinos vuelvan a ser prósperos y felices. Que mis amigos cubanos no pierdan las ganas de seguir bailando. Que Pilar del Castillo dimita. Que el gobierno retire la Ley Orgánica de Universidades. Que esa imprescindible minoría de gente que lee libros sea un poco mas numerosa cada día que pasa. Que reine la justica poética. Que reine única y exclusivamente la justicia poética. que los esfuerzos que merecen la pena encuentren alguna recompensa. Que no se recompense más a quien vive del cuento, excepto en el caso de los buenos escritores de cuentos. Que la programación de las cadenas de televisión deje de dar vergüenza ajena. que se recuerde a Caro Giuliani, para que a la injusticia tremenda de su muerte no se sume el crimen inconcebible de otras muertes iguales. Que ETA abandone la lucha armada. Que las fuerzas armadas de Estados Unidos de América solo salgan de sus cuarteles para hacer maniobras en el desierto un par de veces al año. Que encuentren de una vez una vacuna contra el sida. Que Francis Fukuyama enferme de algo malo. Que el entierro de la peseta sea tan indoloro y festivo como el de la sardina. Que el euro nos sea propicio, y el Mundial de fútbol, lo más leve posible. Que Xabier Arzallus deje de salir por la televisión. Que los medios no sigan difundiendo por sistema las opiniones de la Conferencia Episcopal sobre cualquier asunto, le concierna o no. Que se legalice sensatamente el consumo de drogas. Que los traficantes de drogas se queden en el paro. Que se legalice sensatamente la prostitución. Que los tratantes de esclavos se queden en el paro. Que se legalice sensatamente la inmigración. Que los traficantes de personas se queden en el paro. Que las practicas de mutilación sexual infantil se penalicen con toda la dureza que sea precisa para erradicarlas. Que la literatura vuelva a ser una asignatura independiente de la lengua en los programas educativos de las enseñanzas medias. Que no haga falta que los escritores se plagien los unos a los otros para que la gente hable de libros en los bares. Que se vuelva a enseñar latín en los colegios. Que se recupere para siempre -en los libros de texto, en el lenguaje político y en las pensiones de jubilación- la memoria de la Segunda República Española como el glorioso proyecto cuya memoria nos sigue siendo injusta y sistemáticamente arrebatada. Que se deje de llamar nacional al ejercito rebelde. Que los barcos de pesca no naufraguen. Que los aviones de pasajeros no se caigan. Que la policía no cargue contra los manifestantes. Que los parias de la Tierra se levanten. Que los burkas de cualquier naturaleza se pudran por igual en los baúles. Que los torturadores agonicen. Que los dictadores se suiciden. Que los ladrones se arruinen. Que los mafiosos se queden solos. Que los desaparecidos aparezcan. Que todos los niños vivan sin trabajar. Que rodas la niñas tengan derecho a vivir. Que los viejos se queden dormidos sin saber que ya no despertaran. Que Ulises siga encontrando su camino a casa. Que -como dice Joaquín Sabina, al que le he copiado la idea de este artículo- los que matan se mueran de miedo. Y que ustedes me sigan leyendo. 


Feliz año nuevo. 

Almudena Grandes, Mercado de Barceló

El discreto desencanto de la burguesía

Ellos son burgueses, pero lo que aparece en esta película documental no es discreto y no es encanto, es un desencanto cuyos protagonistas gritan desde un tono aprendido en buenos colegios, es un desencanto que no exteriorizan en sus gestos porque les han enseñado a acallar cualquier atisbo de sentimiento, es un desencanto, que sin embargo, no deja de estar presente.

El desencanto se ha convertido en una película de culto. Esta gira en torno a la familia Panero- Blanc que se reúnen en Astorga catorce años después de la muerte del poeta Leopoldo Panero. Este encuentro da lugar a una serie de relaciones, recuerdos y cuentas pendientes entre una familia que en apariencia era feliz hasta la muerte del padre. Fue rodada en 1976 por Jaime Chávarri. 

Siempre he sentido atracción por los personajes raros, inadaptados, por los locos, incluso tengo la capacidad de que acerquen a mí. Para otros puede ser una molestia, pero yo disfruto escuchando historias inverosímiles, punto de vistas llenos de imaginación, planteamientos sorprendentes. Por esto no es extraño que haya permanecido sin parpadear mientras asistía al visionado de esta película. Me hubiera encantado contemplar en directo cualquiera de las conversaciones entre la familia Panero, sin abrir la boca, claro, contemplándolos tan maravillado como la primera vez que fui a un zoo. 

El escenario, con edificios resquebrajados y medio en ruinas, es un trasunto de la historia de la familia. Una familia de nombre insigne que asiste a un fin de raza lamentable. La conversación hipnótica nos lleva hacia un final desastroso que se desarrolla en cámara lenta pero que nadie puede impedir. Al principio el documental es una cosa y luego se vuelve otra contraria, al igual que en El ángel exterminador de Buñuel los personajes aparecen inmersos en una representación, pero hay algo en su actitud que te hace pensar que las cosas no son como se muestran. Es con la aparición de Leopoldo María cuando el caserón de las buenas formas se desmorona, cuando todos se muestran cómo realmente son y cuando este carga contra todo, también contra sí mismo. Leopoldo María, no sabemos si loco o cuerdo en la realidad, en la película hace de loco, y como los locos que aparecen en los dramas de Lorca, es el único capaz de atisbar la realidad y soltar lo que piensa como un exabrupto.

Tanto él como los otros dos hermanos parecen haber iniciado una carrera por convertirse en el padre tras la muerte de este, los tres luchan por ser escritores. Leopoldo María se lleva la fama porque lo atrayente de la locura, Juan Luis nunca consigue demasiada celebridad y Michi se convierte en uno de esos casos de escritores sin obra. Los tres deslumbran con su brillantez y su resentimiento se materializa en cada diálogo.

También aparece el personaje de Felicidad Blanc, la viuda de Leopoldo Panero, una mujer atractiva, inteligente y con historia. Una mujer que es un misterio. Lo mismo le dice a su hijo Michi que sustituya la palabra “parir” por “dar a luz” para suavizarla que es capaz de escuchar impertérrita cómo su otro hijo, Leopoldo María, le cuenta que unos subnormales se la chupaban a cambio de tabaco en la cárcel, su intento de suicidio o su consumo de drogas. 

A los personajes no se les juzga, no ha visión maniquea en la forma de presentarlos. Ellos hacen un acto de sinceridad y exhibicionismo y nosotros asistimos a este documental, una mezcla entre reality y terapia de grupo, y por el camino nos llevamos una serie de buenas risas pero también de profundos arañazos, todo ello con la boca abierta. Porque esta familia tan acostumbrada a la palabra aquí la usan como dardo contra ellos mismos y contra un padre casi asunte. Y digo casi porque aparece en forma de estatua, atado y amordazado, y por medio de unas palabras finales, un epitafio escrito antes de morir:

Ha muerto
acribillado por los besos de sus hijos,
absuelto por los ojos más dulcemente azules
y con el corazón más tranquilo que otros días,
el poeta Leopoldo Panero,
que nació en la ciudad de Astorga
y maduró su vida bajo el silencio de una encina.
Que amó mucho,
bebió mucho y ahora,
vendados sus ojos,
espera la resurrección de la carne
aquí, bajo esta piedra.

Este documental es lo más real que he visto a través de una pantalla, ningún guionista sería capaz de crear diálogos tan rápidos, elegantes y certeros. La película se hace sola y se expande ante nuestra mirada. Nos introducimos a un microcosmos que nos maravilla y nos engancha, da igual si nunca has oído hablar de Leopoldo Panero o de sus descendientes. Muy recomendable para los amantes del cine, para los admiradores de los locos-genios y para los que interesados en la literatura. Pero que nadie se enfrente a ello como un biopic al uso, es algo así como una biopsia. 

Francisco Rodríguez.

Sesión 15. Actividad final de relato.

Consigna: Escribir un relato, el tema es libre, podéis escribir sobre lo que queráis.

Objetivo: Puesta en práctica de lo aprendido.

Extensión: Entre una página y tres.

Sesión 14. Eso te lo cuento yo.

Si en el ejercicio anterior teníais que convertir un cortometraje en relato, en este vais a tratar de hacer lo contrario. El relato corto Los asesinos de Ernest Hemingway es uno de los ejemplos más destacados de cuentos que han dado lugar a cortometrajes, hay decenas de ellos. Entre estos se encuentra el dirigido por los rusos Andrei Tarkovsky, Aleksandr Gordon y Marika Beiku en 1958.

Sesión 11. Ficción dentro de la Historia.

Han sido muchos los casos, tanto en literatura como en cine, en los que se ha creado una historia de ficción basada en un hecho histórico. Mezclar realidad y ficción en distintas proporciones es una buena técnica para poder imaginar qué pudo suceder o qué hubiera sucedido en un determinado hecho histórico y real al añadirle otros elementos inventados.